Martes 19 de Mayo, 2020

Tituladas AIEP emprenden con exitosa PYME de mascarillas

Han vendido más de 3 mil unidades a distintas industrias y público general.

Hace un año, cuando Graciela Rivera (madre) y Gabriela Araya (hija) se titularon juntas como diseñadoras de vestuario, no estaba en sus planes aportar con su talento a una emergencia sanitaria global. Hoy lo hacen fabricando mascarillas, idea que les ha permitido aportar al cuidado de trabajadores de distintas empresas. “En Instagram sigo a gente de otros países del rubro de la moda. En varios estaban usando mascarillas con diseños. Me hice una mascarilla para mí por si llegaba el COVID-19 a Chile. Cuando llegó el virus me saqué una foto y mis amigas me comenzaron a pedir”, cuenta Gabriela Araya, sobre el origen de lo que en poco tiempo se transformó en un gran emprendimiento.

Hasta la fecha han vendido más de 3 mil unidades, que han sido distribuidas a empresas del rubro de la salud, automotriz y de la construcción. Envían a todo Chile, con un mínimo de 200 unidades por pedido.

“A veces no damos abasto, es mucha la demanda que hay. Hemos tenido que decirles a otras diseñadoras que conocemos que hagan mascarillas”, dice nuestra amiga, opinión reforzada por Graciela, su madre: “Estamos a toda máquina fabricando”, asegura.

Los productos están hechos con una tela externa con diseños y una capa interna de TNT, material no abrasivo al tacto. Son lavables y para el público general son distribuidas por unidad a un precio de $3.500.

Los fabrican en su casas, ubicada en Maipú, donde Del Rosario Store tiene su taller de operaciones, como bautizaron a su empresa de diseño, ejemplo de reinvención en medio de la pandemia.

PENSARLO, HACERLO: UNA GRAN DIFERENCIA

Son concientes de que el escenario económico está cambiando y que miles de emprendedores tienen por delante el reto de la adaptación. En ese contexto, Gabriela envía un mensaje a todos los chilenos que hoy trabajan por reinventarse.

“Hay un dicho que dice si la montaña no viene a uno, uno va a la montaña. Las cosas no llegan a las manos, uno tiene que moverse. Hay que tener las ganas, la motivación, creer en uno, tirar para arriba y ayudar a otros. No todo ha sido ventas”, dice.

Por su parte, Graciela afirma que “ha sido una experiencia nueva y maravillosa, experimentar nuevos desafíos. Como diseñadoras necesitamos un empuje para poder salir adelante y aportar a nuestro grupo familiar. Lo más enriquecedor de todo esto ha sido poder ayudar a cuidar a la gente. Rescato haber estudiado diseño y haber fortalecido mis conocimientos”, afirma.

Hoy sus máquinas de coser dan puntadas sin descanso para cumplir con la alta demanda existente. Tienen tallas S, M y L, para niños, mujeres y hombres. Pronto esperan estrenar nuevos diseños.

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